Tómelo con reservas

Mayo 28, 2018 12:05 am

Por Alejandro Páez Varela

Iban rumbo a un pueblo y en el camino les dio mucha hambre. Andrés Manuel López Obrador, sentado en el lugar del copiloto, le dijo al chofer por dónde darle.

Llegaron a una fonda, en plena carretera, y allí se detuvieron.

–¡Licenciado, qué gusto verlo! –le dijo la cocinera. Y les sirvió de lo que había. AMLO conocía bien el menú.

En otra ocasión se dirigían por terracería a un mitin y alguien avisó que en un pueblo, a mitad de camino, los estaban esperando.

–Díganles que no puedo detenerme –dijo el candidato.

Le pidió a los que le manejan logística que se adelantaran y avisaran que sólo saludaría. Iba cansado y, además, kilómetros arriba, había un mitin al que asistían de pueblos cercanos. Les dijo que los invitaran a ésa concentración mayor.

Pero llegaron a la pequeña comunidad y la gente lo detuvo.

–No me hagan esto –reclamó después Andrés Manuel al líder de la comunidad–. Me hacen quedar mal con la gente.

[Alguien que iba con él me lo contó y quizás no usó exactamente ésas palabras. Pero muy parecidas. Me las citaron de memoria].

–Óigame –le reviró el líder de la comunidad–, es que la gente quiere verlo. Es la cuarta vez que pasa por el pueblo y no quieren que se vaya sin saludarlo. Quieren que les confirme los compromisos que ha hecho.

Era la cuarta vez que pasaba por el pueblo. Imagínense.

Ahora imagínense también cómo andará de cansado.

***

López Obrador es tan obsesivo como obstinado. Lo saben todos en su entorno y es uno de los rasgos más públicos de su personalidad. Duerme poco, se despierta muy temprano y trabaja de domingo a domingo. Lo ha hecho así durante años.

–Cuando descansa se va al béisbol –me dijo uno de sus colaboradores, uno que lo acompaña en la camioneta, en las giras, de vez en cuando.

Y es de vez en cuando, porque pocos resisten el paso de López Obrador. Dos días después de que me reuní con mi fuente, estuve con un amigo periodista, un corresponsal extranjero que ha recorrido el mundo escribiendo para los diarios y las revistas más influyentes de Estados Unidos. Le comenté lo que se dice de la salud de Andrés Manuel. Él ha estado estos días con el candidato de Morena de arriba para abajo. Me vio de reojo, cansado. Movió la mano como cuando dices: “Tonterías”, pero lo que dijo fue, simplemente, “pff, mentiras”.

Tómelo con reservas, pero lo que se ha difundido es que López Obrador está muy enfermo. Lo que me dicen los colaboradores, los que han estado con AMLO en estos días, es que a ese viejo enfermo –como dicen– es casi imposible seguir. Se turnan para darle batería.

–No sólo es el agotamiento físico: es la tensión de estar con un individuo así –me dijo mi fuente, uno de los hombres del candidato. Me contó que, además, hay que ir cachándole ideas al aire.

Me imaginé al anciano –como dicen– con un bate y un balde de pelotas, mandando roletazos al shortstop, cañonazos al jardín central o toques sobre la almohadilla de home. Y hay que cacharlas todas.

Sólo hay un hombre, me dijo mi fuente, que le aguanta al cañonero nueve entradas en el diamante: César Yáñez Centeno. Yáñez, el que ha visto a ese hombre caer dos veces y que ahora, si la pantalla no miente, si el cañonazo sigue la ruta por encima de la cerca, lo verá pasear por las cuatro esquinas con casa llena.

Porque sí, porque hay casa llena y sin out. Dice la mayoría de las encuestas que AMLO se llevará Congreso y muchas gubernaturas.

La empresa Massive Caller, ligada a Ricardo Anaya y al Partido Acción Nacional (PAN), difundió una encuesta –la última dada a conocer hasta ayer– del 22 de mayo. Elecciones para Gobernador. Según su ejercicio, que hay que tomarse con reservas, Morena ganará abrumadoramente Chiapas, Ciudad de México, Morelos y Tabasco. Está empatado en Veracruz y Puebla. Y perdería Guanajuato, Jalisco y Yucatán. Insisto, es Massive Caller, vinculada al PAN.

El viernes me filtraron la Décima Primera Encuesta que atribuyen al Cisen y que Presidencia niega que sea del Cisen, pero que ha caminado a la par de los ponderados de encuestas, como el de Bloomberg o el de Oráculus. Tómelo con reservas. Plantea esto en tres datos: 1) AMLO ha subido desde diciembre de 2017 y en los últimos dos meses de dos puntos cada vez. 2) Anaya, el segundo lugar, viene creciendo desde marzo pero muy a cuentagotas. En el mes de mayo fue un punto, por ejemplo. Antes, en abril, 0.68. 3) Las cifras: AMLO 38.43, Anaya 26.14 y Meade 17.35 por ciento.

El consolidado de Bloomberg da estos números: AMLO 46.1, Anaya 27.7 y Meade 19.2 por ciento. Oráculus: AMLO 44 por ciento en un spread de 41.5 y 46.7; Anaya 29.1 con intervalo de 26.7 y 31.4. Y Meade ajusta 20.2, entre 18.4 y 22.

Tómelo con reservas, porque las encuestas suelen castigar a López Obrador, como ya vimos en 2006 y 2012.

***

López Obrador lleva consigo un catálogo de obras inconclusas, regadas por todo el país. Lo sé porque lo ha expresado –no leo mentes, por supuesto– y así me lo compartieron. Son “obras de relumbrón” que sirvieron para que alguna constructora y los funcionarios a cargo se llevaran dinero, o de ésas que son ocurrencias preelectorales. El candidato de izquierda planea, me dicen, retomar lo que fue abandonado (puentes, carreteras, hospitales, escuelas, auditorios) para darle viabilidad, aprovechar la infraestructura y el recurso tirados a la basura y echar a andar pueblos. Se trata de obras que los gobiernos hacen y olvidan porque están ubicadas, por lo regular, donde hay pocos votos y nadie fiscaliza. Tómelo con reserva, pero si gana, las hará funcionar con programas que involucran a las comunidades.

También, me dicen, tiene la idea de involucrar a las empresas regionales en grandes obras. “En los pueblos y ciudades pequeñas”, me explican, “la gente, las ferreterías, las constructoras más pequeñas ven pasar la maquinaria de OHL, ICA u Higa por la carretera. Nunca son invitados. Sólo despiertan una mañana y tienen que pagar cuota por una vía. Ni empleo les deja. Ni gasto público. Nada: carreteras lejanas en todos los sentidos. Todo se entrega a las grandes constructoras favoritas”.

Y claro, eso tiene efectos concretos: el consumo en esas comunidades es bajo y así sigue; la economía se sostiene con salarios y empleos mal pagados.

Tómelo con reserva, pero el plan es hacer exactamente lo contrario de lo que hicieron Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña: es generar empleo y bañar con recursos a las empresas locales y comunidades; a las tiendas de abarrotes y a las ferreterías. No a las gigantes de siempre.

He preguntado por aquí y por allá, con particular interés, sobre diciembre 2018 y el primer cuatrimestre 2019; cómo serán si gana AMLO. Porque sabemos que le pasa a casi todos los gobiernos que mientras se acomodan y sueltan el gasto; mientras presentan planes y asignan recursos, la economía se detiene. Le pasó a Peña, particularmente.

–Andrés Manuel tiene claro ese periodo. Por eso plantea a todo su equipo la urgencia de empezar el 2 de julio a trabajar –me dijo una fuente. Lo mismo me contó Claudia Sheinbaum hace unas semanas. Ella me dijo que 12 meses después de asumir el cargo (primero debe ganar), el primer gobierno de izquierda buscará que el país esté en marcha, con los grandes proyectos echados a andar para concluirlos bien en seis años.

Vamos a ver. Serán seis años intensos y no creo que AMLO vaya a caerse doblado, como dicen, de “lo enfermo que está”.

***

Todo bien, hasta aquí. Pero hay cosas muy puntuales que me preocupan de un gobierno de López Obrador. Y quizás mi preocupación está alimentada por la falta de claridad en el mensaje. Me preocupa que el Fiscal General sea realmente independiente; que la Auditoría Superior de la Federación sea independiente; que exista una Fiscalía Anticorrupción poderosa e independiente, y que la Secretaría de la Función Pública sea independiente.

Esas cuatro entidades NO deben responder directamente al Presidente –por más bien intencionado que sea– o a un grupo político.

Se los digo de una vez: si AMLO gana y su gobierno no nace con esas cuatro entidades independientes, será una primera gran decepción y debe ser una primera gran batalla que debemos dar los ciudadanos.

También me preocupa que no exista claridad en el qué hará con publicidad oficial. En el colmo del valemadrismo, Peña Nieto repartirá 60 mil millones de pesos en seis años para apenas un puñado de medios. Pero no he escuchado que López Obrador sea claro en eso. Debe existir un compromiso inmediato: austeridad y equilibrio en el reparto de recursos para la prensa. Me deja un amargo sabor de boca que los senadores de Morena votaran a favor de una #LeyChayote. ¿Qué les pasó? ¿Qué mensaje quieren mandar?

Insisto: Fiscal General, Auditoría Superior de la Federación, Fiscalía Anticorrupción y Secretaría de la Función Pública deben ser independientes; incluso, con voluntad política, se podría dejar en manos de una entidad independiente, como sucede en muchos países, la asignación de publicidad oficial.

Si no es así, debemos tomarnos el nuevo gobierno con reservas. Así como muchos dudamos que esté enfermo, también debemos dudar que López Obrador, por su propia fuerza personal, pueda asegurar la transparencia y la justicia con entidades que sean manejadas por otros políticos, sean o no de la mafia del poder.


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