¿Y AMLO por qué?

Marzo 5, 2018 2:08 am

Por Alejandro Páez Varela

La semana pasada escribí en mi cuenta de Twitter que la sociedad civil debería estar tan indignada hoy por el uso de las instituciones para linchar a Ricardo Anaya y beneficiar a José Antonio Meade, como lo estuvo (estuvimos) cuando Vicente Fox las manipuló para favorecer a Felipe Calderón y descarrilar a Andrés Manuel López Obrador. Pero aunque parezca contradictorio, estoy en contra de quienes exigen que el candidato de Morena salga a defender al panista, y si no lo hace, dicen, “es un mezquino”.

Baste con recordarle a ésos que todo su Movimiento es, en sí mismo, una gran denuncia por el uso de las instituciones para joderse a la oposición. Ésos mismos deben recordar que su denuncia más famosa al respecto, aquél “al diablo con sus instituciones” (que tenía entonces y tiene ahora mucho sentido), fue ampliamente utilizada para atacarlo.

López Obrador lleva una década tratando de revertir todo el daño que le hicieron los panistas por decir que esas instituciones, cuando caen en manos de perversos, se vuelven una mierda. Lo fueron en manos de Felipe Calderón y de Vicente Fox; lo son con Peña Nieto. Ahora dicen que AMLO será un mezquino si no sale en defensa de Anaya, y aunque creo que es indignante el uso de instituciones; aunque creo que todos debemos estar indignados como lo estuvimos con el desafuero, NO es papel de López Obrador andar defendiendo a nadie hoy, como candidato.

Y sigo argumentando.

En primer lugar, porque no se sabe a quién quieren que defienda: ¿es Ricardo Anaya un ladroncillo, un corrupto que a los 39 años ya tenía una fortuna superior a los 50 millones de pesos con empleos fundamentalmente de burócrata? ¿O es un inocente, una víctima del sistema? Para responderlo se necesita primero aclarar otra pregunta: ¿Quién es, realmente, Anaya? Ni yo, que me dedico a leer y a estar informado, sé bien a bien quién es este joven y todas las referencias que tengo de él desde antes de que fuera candidato es que es inteligente, y profundamente oscuro; es ambicioso, y con tufito a caño.

En segundo lugar, porque durante los últimos 20 años –lo vimos todos–, PAN y PRI se convirtieron en la misma cosa. Jugaron exactamente el mismo juego. Se ayudan uno al otro cuando así conviene a sus intereses y, sobre todo, cuando se trata de joderse a López Obrador. Entonces a veces interpreto los ataques a Ricardo Anaya como el pleito entre miembros de una misma familia que se disputa la siguiente década de reparto de bienes nacionales. ¿O acaso Ricardo Anaya apareció de la nada, nunca jugó con el PRI, es totalmente ajeno a Meade o a Videgaray? Claro que NO. Anaya ha sido parte de ellos. Uno con ellos. Sobran los ejemplos. Y AMLO ha sido víctima de años de linchamiento en los que han participado todos los que apoyan a Anaya y todos los que apoyan a Meade.

Yo creo que la sociedad debe estar muy indignada por el linchamiento de Anaya sin perder de vista que Anaya mismo debe decirnos quién es. Yo no lo tengo claro. Digamos que con la información que tengo no le dejaría la cartera encargada.

Lo que AMLO debe saber, sin embargo, es que hay un riesgo alto en voltearse hacia otro lado mientras linchan al de al lado, sea quien sea el de al lado.

***

Si el PRI se crece, como en el Estado de México, no sabrá quedarse en segundo lugar.

Durante muchas décadas, el PRI disfrutó de México como de un enorme patrimonio personal que, además, se hereda. Ese malentendido (a su favor, por supuesto) lo ha llevado a cometer grandes atrocidades contra el país. Conoce como nadie los alcances de la corrupción. Es su especialidad comprar elecciones antes, y ha refinado el método para terminar de pagarlas después.

En el Estado de México y en Coahuila, el año pasado, hizo todo lo que pudo para imponerse pero primero defendió con todo el segundo lugar. La manipulación de votantes, la compra de votos, las autoridades electorales a modo, la movilización de recursos desde el Gobierno tienen sentido si conserva el segundo lugar.

Ahora veo al PRI desesperado, buscando el segundo a costa de las instituciones; y siento a Morena apacible porque la víctima, ahora, es Anaya. Como si desconociera el peligro; como si Morena no supiera que después de pisar a Anaya, los padrinos de José Antonio Meade se enfocarán en López Obrador.

Ya en el segundo lugar, con AMLO en la mira, les será más fácil cometer una porquería mayúscula. El PRI no podrá cometer un fraude desde el tercer lugar. Por eso no hay segundos lugares para el PRI. Así tenga que corromper medio país, así tenga que pisotear, aplastar, robar, destruir, irá por el segundo a sabiendas de que, una vez allí, hará todo por conservar el poder.

Pero siento que en la estrategia de Morena está que Meade y Anaya se den con todo para que crezca AMLO. Y eso es profundamente peligroso, porque de los restos de Anaya, como lo hizo con Josefina Vázquez Mota en Edomex, el PRI querrá hacerse un escenario de ganador.

El Gobierno federal y el PRI han estado utilizando todos los recursos a su disposición para hundir a Anaya. Su candidato tiene todo el respaldo del aparato oficial, y eso suda por todas las paredes. La agencia oficial del Estado mexicano, Notimex, ha difundido notas sin fuente contra el panista, por ejemplo. A los medios se les han entregado lo que llaman “tarjetas informativas” –se hicieron muy comunes en este sexenio– de la PGR, que no son comunicados y sobre los que no tiene una responsabilidad pública e incluso jurídica; son “apuntes” que se pueden citar desde la Procuraduría sin que la Procuraduría tenga que responsabilizarse, necesariamente. Obvio, no lo desmiente ni lo confirma; las “tarjetas informativas” son filtraciones que se dejan ir, así, sin más.

La coordinación de hechos entre Javier Lozano (quien trabaja en la campaña de Meade) y lo que sacan las dependencias es asombrosa: muy temprano el vocero dice algo, y luego se le acompaña con la confirmación oficial. La Unidad de Datos de SinEmbargo analizó la semana pasada los metadatos de las redes y encontró un furibundo uso de bots contra el candidato del Frente mientras que los frentistas están dormidos; son bots del PRI. Hasta los canales que comúnmente utiliza la sociedad civil han servido para la guerra contra Anaya: una petición de Change.org pide quitarle la candidatura y se promueve desde los canales de la campaña del PRI. Esto es lo informal, y aparte lo formal: la investigación que realiza obsesivamente la PGR contra el presunto fraude de Anaya, que de manera sorpresiva se montó por encima de todos los expedientes que siguen sin avanzar.

Y en cuanto el PRI/Gobierno termine de hundir al panista se brincará para hacerle lo mismo a López Obrador. Como digo, es mucho más fácil hacer fraude desde el segundo lugar. Es más fácil para el Tribunal Electoral hacerle loco durante todo lo que resta de 2018 y allá por 2019 decir, simplemente, que pues sí, que hubo cositas en la campaña; que pague el PRI una multa pero que siga disfrutando de la Presidencia. Así lo hace siempre. Así lo hizo con Enrique Peña Nieto.

Así pues, nadie puede decirle López Obrador que se pronuncie a favor de Anaya. Pero sí debe tener en cuenta que cuando el Gobierno de Peña termine con el candidato del Frente, irá por él. Y Anaya no tendrá un sólo gesto por AMLO.

Con su actual estrategia, la esperanza que queda a AMLO es que su movimiento sea suficiente y que el desprestigio de Peña y del PRI no les dé para hacer crecer a Meade a un segundo.

La estrategia de ver hacia otro lado mientras linchan al vecino tiene sus riesgos. Pero nadie puede decirle a AMLO que salga en defensa de los mismos que lo han linchado durante casi dos décadas.


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