Por Julio Sabines Chesterking*
Este es un año intenso en su número de procesos electorales locales, y por su relevancia también. 12 gubernaturas, 388 diputaciones locales y 548 ayuntamientos sin contar los ayuntamientos que elegirán por usos y costumbres en Oaxaca. El año pasado se eligieron además, 300 diputaciones federales, y otras tantas gubernaturas, en fin… sobre el respecto me he dado a la tarea de poner atención y averiguar en cuantos de todos estos procesos electorales ha habido procesos internos para seleccionar candidatos.
Los números son para dar pena, procesos internos abiertos no hubo, ni abiertos a la ciudadanía, excepcionalmente a las militancias partidistas, en algunos casos, por mucho los menos, hubo asambleas de delegados, generalmente consejeros políticos. Y ahí está la apabullante mayoría de puestos de elección popular seleccionados por lo métodos de siempre, candidaturas “de unidad” o nombramientos de las dirigencias nacionales, dedazos disfrazados.
En la tradición política mexicana está arraigada la creencia que los procesos internos democráticos guían inexorablemente a fracturas y rompimientos partidistas, por lo que no son convenientes; fracturan a la militancia opinan algunos, dividen. Es por eso que siempre es más conveniente ir a las encuestas, nombrar a los que supuestamente están mejor posicionados para enfrentar los procesos constitucionales, o de plano en muchos casos no hay ni para que pretender, más vale esperar a que la dirigencia nacional diga quién es el ungido y listo.
Fue este comportamiento el que dio paso a la exigencia de las candidaturas ciudadanas. La experiencia reciente nos puede demostrar como en más ocasiones los candidatos ciudadanos optaron por esta vía, por sentir los procesos electorales secuestrados por los partidos, el derecho a ser votado pasado por un filtro. Creo, que son menos los candidatos ciudadanos que no simpatizan con una plataforma ideológica partidista. No es que no simpatice con el partido, es que no me van a dejar pasar se escucha decir en los cafés políticos.
Por otro lado –y créanme que detesto este tipo de comparaciones- veo las internas en el proceso presidencial de los Estados Unidos de América, elecciones internas que se extienden por casi un año, que contrastan entre sus candidatos, que apasionan a sus militantes pero que además los involucran a participar activamente, y llegan a la nominación de sus candidatos con una militancia consolidada, no una fracturada, y siento que se derrumban los mitos del candidato único. ¿Que los hace tan diferentes a ellos en comparación con nosotros?
Acaso ¿no nos damos cuenta que esta costumbre retrasa generaciones el desarrollo democrático? Seguiremos acostumbrados a que sea el jefe político, ¿el presidente del partido quien elige a capricho de una minoría a los candidatos?, ¿el gobernador el que debe de elegir a su delfín? Bueno, hasta hemos llegado al caso de la tómbola.
Quienes hemos militado en un partido político, sabemos que los dedazos truncan generaciones completas, le meten un freno de mano a la democracia, coartan liderazgos reales y frustran trabajos larguísimos. Ahora además ya es constitucional la reelección en diversos cargos de elección, dejando menos espacio para la participación de nuevas candidaturas, y me sigo preguntando ¿hasta cuándo seguirán los dedazos y cuando los partidos le dejaran de tener miedo a los procesos internos democráticos? ¿a que le temen los partidos políticos?
¿Tú qué opinas?
*Nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México. Comenzó su actividad profesional a los 15 años, en organizaciones diversas políticas. Es Licenciado en Derecho, y cuenta con una Maestría en Administración Militar para la Seguridad y Defensa Nacionales, además, tiene con un Diplomado en Federalismo en la Reforma del Estado Mexicano, así como distintos cursos sobre Seguridad y Defensa en el extranjero. Su experiencia profesional se ha concentrado en diversas entidades de la administración pública federal y de carácter político partidista. Ha sido profesor invitado en diversas instituciones académicas, entre ellas el inacipe, el cesnav, el ceefa, la fundación Colosio, entre otros.
Sé parte de la conversación