Por Fernando Ortiz C.
Estamos a unas cuantas horas de que se realicen una de las elecciones presidenciales más infames, poco productivas y más peligrosas de la historia de los Estados Unidos.
Han sido meses donde los discursos de ambos candidatos se han visto polarizados por situaciones extra campaña, donde la atención se ha desviado en insultos personales y no dentro del campo electoral, entre acusaciones de abuso sexual y correos electrónicos robados es la máxima aportación que tienen ambos personajes.
Donald Trump, candidato republicano ha sido quien ha liderado la polémica dentro de la lucha por la presidencia: discursos xenófobos, misóginos, declaraciones fuera de lugar y una constante mención a la creación de un muro lo han posicionado en el extremismo total: o se le aclama por lo que dice o se le odia por lo que propone.
Hillary Clinton, candidata demócrata ha sido un personaje gris en esta campaña, con sus claroscuros, con poca presencia por lo cual la familia Obama ha tenido que salir a su apoyo y defensa. Una candidata que por más demagogia que desarrolla en cada una de sus presentaciones no logra acaparar a las grandes multitudes.
Lo paradójico de estas elecciones, es que un candidato con tan poca propuesta política como Trump esté compitiendo palmo a palmo con un personaje puramente político, esa es lo que marca la diferencia dentro de los votantes en la Unión Americana, parece que el discurso de un político es aburrido y una repetición de lo que ha llevado al país más poderoso del mundo a entrar en una crisis de credibilidad.
¿Qué pasará en ambos partidos y con los candidatos cuando se den los resultados?, esa es una pregunta en la que se debe enfocar las elecciones presidenciales, las cuales parecen que están encaminadas a dar como perdedor al más odiado de los candidatos. Los que voten por Trump será más por un odio contra Clinton, tomada como una revancha política y una desilusión hacia Hillarym y no por la habilidad del candidato republicano.
De igual manera los que voten por Clinton lo harán más como una respuesta de temor e incertidumbre por las bravuconadas de Donald Trump y no por las aportaciones políticas que pueda proponer Hillary.
Analicemos primeramente el escenario de triunfo de la que parece será la primera mujer presidente de los EE.UU. Si Hillary Clinton se lleva la victoria será en cierta manera un alivio para los miles de indocumentados que existen en Estados Unidos, una tranquilidad momentánea pues con lo que marcan las estadísticas de deportaciones durante el periodo de Obama no es nada alentador para tener una completa calma. Por otro lado digamos que se dará una oportunidad más al sistema político que ha llevado el actual presidente, el cual no es del todo grato para los norteamericanos. Se aceptará seguir con el régimen establecido pero no con una aceptación total, lo cual hará difícil la gestión de Clinton.
Medio Oriente solo suspirará y esperará quién será la siguiente víctima de Clinton, todo apunta a que Turquía será la que pague las consecuencias de la fallida intervención y caos que se ha generado en la región. El futuro frente a un posible escenario donde Hillary Clinton gane las elecciones no es muy alentador para ella, esto aunado a las amenazas que Trump ya hizo entre ver que puede desatar hablando de fraude o trampa en las elecciones.
Ahora analicemos el posible escenario de Donald Trump como 45° presidente de los EUA. Primeramente sería ver al candidato vencer al Goliat político y la maquinaria gubernamental que existe detrás de Hillary Clinton, podría ser una sorpresa mayúscula este escenario y con ello el comienzo de una desestabilización por la especulación e incertidumbre de sus discursos. Trump es una caja negra no se sabe si lo que dice es real o solo una fantasía para acaparar votos.
Posterior a ello invariablemente la sociedad norteamericana se polarizaría en dos bandos: en todos aquellos que apoyan sus políticas de segregación y exclusión, y el otro bando, el de los afectados por la persecución de Trump y sus partidarios. Una crisis social en todos los aspectos.
México principalmente sería quien tendría el peor escenario confiando en establecer un diálogo si en verdad Donald Trump buscará hacer el muro del que tanto habló durante su candidatura y logró acaparar a muchos adeptos que confían que esa es la solución para salir de la crisis que actualmente aqueja a tantos estadounidenses.
Estos escenarios marcan las posibilidades de especulaciones con uno u otro candidato pero hay algo que no se debe dejar fuera que es el futuro de los candidatos si pierden.
Empezaré con el escenario donde Donald Trump no alcance la victoria en los comicios. Posiblemente una metralla de declaraciones de fraude, corrupción y no aceptación del resultado puede ser una de sus estrategias (en su momento ya planteó la posibilidad de no aceptar el resultado). Esto causaría un conflicto serio en uno de los valores trascendentales del país, la verdad.
La honestidad, confianza y la endeble democracia serían socavadas por el poder político establecido, lo cual desbordaría la furia de algunos partidarios de Trump y obstaculizarían el trabajo de Hillary.
El escenario más caótico y peligroso a mi punto de vista sería todos aquellos que creyeron, confiaron y lucharon por el discurso de Trump dónde quedarían ahora, el discurso del candidato republicano no se acabará en las urnas sino que proseguirá y eso a la postre puede causar un descontento en el cual los seguidores republicanos dejen en segundo término la derrota de Trump y comiencen a llevar a cabo persecuciones, discursos de odio y violencia contra mexicanos indocumentados, árabes refugiados, y cualquier persona que sea un peligro para la Gran América que propuso y prometió Donald Trump.
Ahora bien si Hillary Clinton es la perdedora prácticamente su carrera política habrá llegado a su fin con un duro revés y una voz de alerta a los políticos norteamericanos donde la población ya está cansada de decepcionarse año tras año con sus propuestas y verdades a medias. Una derrota de Clinton sería un fracaso rotundo para las políticas gubernamentales que se han desarrollado por lo menos en los últimos ocho años, lo cual provocaría un replanteamiento de las estructuras políticas dentro del país y al mismo tiempo un golpe a la credibilidad de muchas personas que han dedicado su vida a la política y no a la población de Norteamérica.
Los escenarios son catastróficos en todos los aspectos, estamos frente a la crisis de Clinton y la locura de Trump, dos personajes que pasarán a la historia primeramente como los candidatos más deslucidos, inverosímiles y poco populares.
Uno de ellos se alzará con el triunfo frente al descontento de la mitad de la población, otro se llevará la derrota y con ello las implicaciones y consecuencias de una campaña repleta de descalificaciones, insultos y odio frente al contrincante ya sea contra la clase política o contra la parte que busca la alternativa discriminando y achacando de los males a una sección de la población.
Estamos cerca del día más negro en la historia política de E.U.A y frente a una oscuridad que reinará cuatro años, pues parecería casi obvio que gane quien gane no aspirará a tener un segundo mandato. Esperemos y que gane el que menos odio tenga tras de sí, pues el mejor jamás se presentará como ganador y peor aún esta crisis parece que se presentará durante un largo tiempo teniendo candidatos de esta índole: grises, sin clase y con poca perspectiva para los Estados Unidos y el mundo.
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