En entrevista con Notimex, Germán Flores Sauza, fundador de este espacio único en su tipo en el país y en Latinoamérica, explicó que además del santuario para burros, en el lugar se busca resguardar la historia de los asnos, a través del Museo del burro.
“Aquí están en un lugar amplio, donde tienen libertad para correr, pastar y les damos cuidados alimenticios y veterinarios. A cada uno lo queremos como parte de nuestra familia”, señaló el también empresario, quien es originario de este municipio conocido como “la cuna del burro”.
Según la historia, después de la Conquista, en 1521, llegaron los frailes franciscanos, junto con asnos y ovejas, iniciando una nueva actividad para el desarrollo de la nueva España que es la arriería.
Otumba queda en ese paso de camino real México-Veracruz, lo que lleva que se hagan mesones de descanso para los arrieros, actividad que fomenta el aumento de sitios de descanso y del mercado de bestias de carga.
En más de 2.5 hectáreas, rodeado de cactus y cuatro edificios que albergan el Museo del Burro, la cafetería, un mesón y una tienda de souvenirs, encontramos a Florindo, un asno de 12 años de edad, pelaje marrón y con un instinto protector que lo hace ser “el líder de la manada”.
Estos animales, casi desde su domesticación, han sido blancos de maltratos físicos y de abusos como animales de carga, y aunque en la actualidad su uso como medios de transporte ha disminuido, aún viven desprotegidos en varios estados del país como Chiapas, Guerrero y Oaxaca, comentó Flores Sauza.
“En el país es una situación de desprotección total, de maltrato, al grado de que el burro mexicano se está extinguiendo pues es considerado como ganado poco productivo que vale menos que un cerdo o una oveja.
“La nueva generación de campesinos ya no quieren tener burros, pues se asocian con torpeza y rezago económico, por lo que van decreciendo día con día”, indicó.
Estimó que en el país quedan alrededor de 300 mil jumentos, motivo por el cual Flores Sauza, junto con su familia, buscan, a través de lo que él denomina “turismo altruista”, tener los medios económicos para poder preservar y proteger a estos animales.
“Burrolandia México es una asociación civil que se financia mediante la visita de un turismo altruista, en el cual los visitantes nos dan un donativo y compran también souvenirs o comen algo en el área de cafetería. Con eso logramos los ingresos para la alimentación y los gastos del santuario”, afirmó.
Sin embargo, señaló que este ingreso no es suficiente, pues al año gasta alrededor de 300 mil pesos tan sólo en alimento para estos animales, por lo que necesita recurrir a otros negocios como la venta de automóviles, para poder cuidar a los burros, mantener en buenas condiciones la infraestructura y pagar el salario de las 20 personas que trabajan en el lugar.
Como cada año, desde el 23 de abril y hasta el 1 de mayo se lleva a cabo la Feria Nacional de los Burros en Otumba, una festividad en donde los pobladores de este municipio celebran este trabajador animal, que participan en carreras, concurso de disfraces y en el juego de polo sobre asnos.
Fuente: Notimex
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