Por Manuel Tenedor
Afortunadamente el huracán Patricia no causó los daños que se esperaban y no hay víctimas humanas que lamentar. Nuestro país de por sí ya es una tragedia constante y no haber vivido otra más en la proporción en que se esperaba, es digno de celebrarse.
Durante las horas previas a la llegada de Patricia a las costas de Jalisco, Colima, Michoacán y Nayarit, la información acerca de lo potencialmente catastrófico de dicho huracán fluyó a gran velocidad en televisión, radio y sobretodo en las redes sociales.
Roberto Ramírez, titular de la CONAGUA, declaró que no había existido en la historia del planeta un huracán más poderoso que Patricia, lo cual es totalmente falso.
Señalar la exageración en el lenguaje con el que el gobierno federal hizo frente a la situación seguramente roza fibras sensibles de aquellos que justifican la manipulación argumentando que de no haber sido así, la gente no hubiera hecho caso. Algunos medios de comunicación se ocuparon más en montar un teatro con la hipotética tragedia en lugar de informar verazmente sin recurrir a la psicosis.
Enrique Peña Nieto declaró que: “tener un saldo blanco ante el impacto de este huracán se debe en mucho a la fe del pueblo de México”. Podríamos debatir acerca de que EPN nuevamente violó la condición de estado laico que supuestamente tiene México, pero bien sabemos que eso ni molesta tanto teniendo en cuenta que en México la fe religiosa sigue siendo la justificación de vida y la válvula de escape de buena parte de la población.
Dentro de las estrategias de manipulación mediática que desarrolló Noam Chomsky, hay una que trata acerca de utilizar el aspecto emocional para inferir en el razonamiento del individuo, esto permite penetrar al inconsciente y así implantar ideas, deseos, miedos o inducir comportamientos. También se podría desarrollar una teoría no tan loca acerca de que puede existir tecnología que provoque este tipo de fenómenos naturales pero quiero creer que la naturaleza es lo único que el humano todavía no puede someter a tal magnitud.
No creo que el huracán Patricia sea una cortina de humo así como tampoco comparto el deseo de quienes esperaban una devastación para lanzar con todo señalamientos a la ineptitud del presidente. El presidente por sí solo no deja de dar razones para hacerlo.
Aunque no hubo víctimas humanas si hay damnificados por ayudar. Por fortuna en México sigue existiendo la buena voluntad de los ciudadanos para ayudar en estas situaciones que invitan a la unión fraterna del pueblo. También hay que tener en cuenta que México tendría suficientes recursos para hacer frente a estas eventualidades si no se perdiera tanto dinero en corrupción, casas blancas y aviones presidenciales.
Es un hecho que la violencia y la corrupción han causado más víctimas humanas en México que las que pudo haber causado Patricia pero desafortunadamente la sociedad mexicana no contempla la injusticia como una tragedia que lamentar, ni tampoco provoca la unión fraterna a la proporción en que la situación del país lo necesita.
Enhorabuena que Patricia se desvaneció.
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