Por: Fernando Ortiz C.
El 22 de abril de cada año se celebra el Día de la Madre Tierra, creado con el afán de concientizar sobre los problemas del medio ambiente provocados por la contaminación. También es una fecha que ayuda remarcar la importancia de generar una educación ambiental que logre la coyuntura entre las necesidades del hombre y la preservación responsable de recursos así como el respeto a la biodiversidad del planeta.
Los datos son alarmantes en todo el mundo, donde según algunos estudios mencionan que más de un millón de aves marinas mueren producto de la contaminación año con año.
Otro dato presentado por el Cleanair Institute revela que aproximadamente quince mil muertes en nuestro país son producto de la contaminación atmosférica, ubicándolo como el segundo país con mayor cantidad de decesos en América Latina solo por detrás de Brasil quien presenta veintitrés mil muertes al año por causas de contaminación del aire.
Tala de árboles, contaminación de ríos, extinción de animales, derrames de petróleo son más ejemplos de la tremenda situación que vive nuestro planeta hoy en día. El consumo desproporcionado de productos que generan basura y la falta de planeación y conciencia para su reciclaje son factores que magnifican la crisis medioambiental donde cada día se necesitan crear más vertederos para alojar los deshechos de materiales que tardan años en biodegradarse.
La tecnología y la producción masiva de objetos y artefactos que se vuelven inútiles y obsoletos en lapsos cada vez más cortos son uno de los lastres más significativos con los que tienen que lidiar países emergentes que reciben esta basura tecnológica la cual llega a ser de cincuenta millones de toneladas según algunas estimaciones de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Las consecuencias de estos desechos que se vierten en los ríos, o las toxinas que se emiten cuando son quemadas inapropiadamente en países como Ghana, quienes reciben gran parte de los desechos de grades países como Estados Unidos o China.
Ya lo mencionaba en alguna ocasión el Director Ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente Achim Steiner: “El tratamiento de la basura electrónica ha llegado a ser no solo importante, sino que es absolutamente urgente”.
No se necesita estar en un país de África para percibir el impacto de la contaminación en el medio ambiente, solo hace algunos días la Ciudad de México puso en marcha un plan de contingencia ante los índices elevados de contaminación que presentaba el aire en la capital mexicana. La realidad es que nuestro planeta es visto por las grandes industrias y depredadores de recursos naturales como una bodega de la cual solo es necesario extraer las fortunas de flora y fauna sin mirar las afectaciones que estas acciones tienen en la calidad de vida de los habitantes que sufren el saqueo y contaminación de sus tierras. La Tierra no es vista más como la casa común donde habitamos millones de especies.
El despojo por parte de los intereses neoliberales, trasnacionales y gobiernos coludidos en la explotación y destrucción de zonas como las cincuenta y siete hectáreas de manglares que fueron destruidas en Quintana Roo para desarrollar un proyecto turístico, una devastación brutal que se llevó a cabo en unas cuantas semanas afectando para siempre la zona.
El gobierno trató de alejar la palabra ecocidio del humedal de Tajamar, y la justificación de los perpetradores de tal destrucción fue que todo estaba en orden y el gobierno fue quien otorgó los permisos necesarios para realizar los trabajos que acabaron con la biodiversidad del lugar.
Así es el trato que se da a la Tierra, pretendiendo verla como un estrobo ante los intereses capitalistas de unos cuantos. El planeta está siendo repartido entre algunos casiques y contaminado sin parar de manera alarmante. La conciencia planetaria parece que solo es motivo de atención cuando se necesita lucrar con la imagen de protección del planeta, protección que encubre los intereses de saqueo que se dan en diferentes países del mundo.
Convenciones como la de Basilea parecen ser puntos de reunión de apariencias más que de acciones. Jugar con las lagunas de la legalidad es el provecho primordial que los gobiernos de los países desarrollados utilizan para destruir y contaminar a las naciones en desarrollo.
Lucrar con la Madre Tierra es un negocio redondo, nuestro planeta es una mercancía más que está a la venta al mejor postor. Parece que esto es irreversible, ante la falta de educación y consciencia algunos grupos de activistas buscan alternativas para defender tierras, zonas que son tesoros ecológicos y sobre todo presentar e informar sobre la destrucción de nuestro país producto de proyectos coludidos con los beneficios de aporta la ideología neoliberal en la que estamos inmersos.
Sé parte de la conversación