Vecinos de la delegación Cuauhtémoc ahora buscan un nuevo hogar
¿Qué ha sido de ellos en estas semanas?, ¿en dónde están viviendo o cómo era sus vidas antes y después del sismo?
Por Juventino Montelongo
soyquiroz@gmail.com
Ya pasaron dos semanas del terremoto del 19 de septiembre. Oaxaca, Puebla y la Ciudad de México fueron las entidades más afectadas.
En ésta última se concentró la mayor cantidad de personas muertas, debido a las pésimas condiciones en las que estaban construidos muchos departamentos, particularmente en la delegación Benito Juárez.
No todas las personas que se quedaron sin hogar tienen una segunda opción en dónde vivir, ya sea porque económicamente tienen la posibilidad y porque familiares y amigos los acogieron.
De los que no lograron hacerse de un segundo hogar instantáneo, la mayoría de ellos vive en albergues públicos, instalados por las autoridades locales, y en el caso de la capital, por las delegacionales.
En todas las delegaciones existen instalaciones adaptadas como refugios temporales. Pero, así como la falta de agua es muy diferente en Iztapalapa a la de Benito Juárez, también las condiciones de vida en los albergues tiende a ser marcadamente diferente.
En Cuauhtémoc, controlada por Ricardo Monreal, de Morena, desde que le ganó las elecciones al perredista Muñoz Soria, en 2015, existe una queja generalizada entre las personas damnificadas.
Entrevistados por Mientras tanto en México, en las instalaciones del Deportivo Cuauhtémoc, Carlos, María del Carmen, sus hermanas y Alonso cuentan en dónde vivían, qué perdieron y qué les molesta de vivir en un albergue luego de dejar sus casas.
Carlos Antonio Reyes, originario de Zacatecas y vecino de la colonia Guerrero, se fue a vivir al albergue un día después de que sucedió el sismo del 19 de septiembre.
“Mi casa se cuarteó toda y Protección Civil me trajo a este albergue”, cuenta, mientras le agradece al delegado el haber adaptado el deportivo a hogar provisional.
Son alrededor de 120 personas las que están viviendo en ese albergue. En la tarde la mayoría de ellos sale a tratar de rehacer su vida, ya sea trabajando o incluso cuidando sus casas a punto de caer.
María del Carmen critica a los habitantes de otro refugio
El esposo de María del Carmen, de 31 años, trabaja casi todo el día como repartidor, cuenta, pero en las noches se queda a dormir en el departamento de donde las sacó Protección Civil.
“Fueron a mi domicilio y me dijeron que ya no estaba en condiciones de habitar”, aunque aclara que fue hasta el domingo, cinco días después, que se mudó al albergue.
María estaba embarazada y a los tres días de que llegó fue canalizada al hospital de La Raza, en donde su parto fue normal. Ella y otras dos de sus hermanas, que prefirieron no dar sus nombres, se quejaron que después de vivir la pérdida de sus departamentos y de comenzar a adaptarse a no tener casa ahora serán obligadas a vivir en el Deportivo Mina.
El desayuno es a las 9 de la mañana, la comida a las 3 de la tarde y en la noche por lo general cenan tarde y entre cena y plática, cuenta María del Carmen, “se va el día, entre comidas y pláticas”.
A las 11 de la noche todo está apagado en el albergue: sus actividades se dividen en pláticas con psicólogos en las que hablan sobre sus problemas o lo que ellos quieran, además están las actividades especiales para niños, a quienes les dan clases o incluso los llevan a lugares como Kidzania.
Ahí, por ejemplo, ellas han notado problemas de integración con las personas que ya están en el Deportivo Mina.
“Allá hay otra clase de personas, no de otra clase social, más, este, más difícil de tener una convivencia”, dice dudando un poco de la forma en la que utiliza sus palabras.
En Kidzania coincidieron los dos deportivos, ya que los padres debían acompañar a sus hijos. Ahí ellas notaron diferencias con los otros damnificados “en el vestir, en la forma de hablar. No es que la colonia Guerrero sea una población seleccionada ni muy culta, pero a lo mejor aquí en el deportivo tratamos de convivir y por necesidad tener reglas de conducta y estar en paz”.
“No nos podemos guiar por las apariencias y menos en la situación en la que estamos. (No estamos aquí) porque es una opción, es por necesidad, pero cuando estábamos en Kidzania, en Santa Fe, y aún así, qué lenguaje, tratas de comportarte”.
¿A ustedes les faltaron al respeto?
“No, sólo les ves y dices como ‘haste a un lado’, y ahí queda todo. No nos queremos ir al Deportivo Mina, pero no hay una opción”.
Alonso Hernández, quiere recuperar sus papeles para poder trabajar
Alonso Hernández vivía en la colonia Anáhuac, estuvo viviendo en la calle días después del terremoto, y luego llegó al albergue.
Su principal problema es que las autoridades no le han facilitado los documentos, pese a que se los ha pedido a las autoridades delegacionales y a los encargados del refugio.
“No me los han querido dar, ya hablé con la señorita Daniela (psicóloga del lugar, y con quien tienen más contacto). Yo necesito saber qué tengo que hacer para conseguirlos”.
¿Qué piensas sobre el cambio al Deportivo Mina?
“Yo no quiero, pero no tengo otro lugar a donde llegar. Yo se los he externado a las personas de aquí (el albergue) pero no me han hecho caso. Tampoco me dejan ir a mi casa, se han encargado de contradecirse”.
“No pienso ir a otro albergue, ya que no es un lugar óptimo, y mucho menos para los niños”, dice mientras señala a los menores que juegan alrededor de nosotros mientras le hago la entrevista.
Alonso aseguró que no perdió su casa, pero sus familiares lo echaron luego del temblor y por eso terminó en el albergue. Dice que desde hace meses ellos ya no lo querían, y a él no le molesta eso, sólo quiere recuperar sus documentos personales para poder conseguir un trabajo y dejar de vivir ahí.
Él se dedicaba antes a repartir comida, aunque ahora no puede conseguir un nuevo trabajo porque en todos lados le piden sus documentos para ello.
“Los quiero tener para empezar a laborar ya”.
Cada una de las personas que vivían en el albergue Cuauhtémoc fueron desalojados del lugar debido a que el deportivo tenía que entrar en operaciones normales, por ello fue que los mandaron al Deportivo Mina. Sin embargo, las autoridades de dicho deportivo señalaron que desconocen el paradero de los demás damnificados, ya que luego del cierre del primer albergue, son pocas las personas que han llegado ahí.
La secretaria del lugar aseguró que desconoce a dónde se fueron todas estas personas.
“Seguro están con sus familiares o en otras casas”, señaló mediante una llamada telefónica. Y luego de aclararle que muchos de ellos no tenían casa o más familia con quienes quedarse, aclaró: “ah, entonces quién sabe en dónde se quedaron, porque aquí han venido pocas personas, y en un mes los que están aquí también serán desalojados”.
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