Por Julio Sabines Chesterking*
No me gusta escribir sobre este tema, porque siento que le estoy haciendo propaganda, y porqué además ya se ha escrito mucho al respecto, pero no puedo evitar reflexionar sobre la reacción social ante la revelación de la complicidad de Kate del Castillo con Joaquín “El Chapo” Guzmán.
He escuchado comentarios de todo tipo, pero particularmente me he sentido frustrado por muchos que se han congratulado o hasta regodeado de este caso solo con el objeto de llevar a cabo una especie de revancha con la administración del presidente Peña Nieto. Y es que no entiendo como tanta gente puede tomar partido con un tipejo que representa lo más oscuro y podrido de nuestra sociedad, solo con el fin de golpear o ver humillado al gobierno. Y es que cualquier posición opositora es legítima, menos esta.
Primero que nada, el encubrimiento es un delito, y la fascinación por un criminal como “El Chapo” es por lo menos inmoral; por ende, la conducta de la actriz Kate del Castillo es absolutamente reprochable pero también es ilegal. Hay que vivir completamente aislados del dolor y la miseria que los criminales han causado para coludirse con ellos. ¿Qué pasó por su cabeza cuando lo tenía sentado enfrente o cuando intercambiaban mensajes? ¿Me quiero desquitar del gobierno, así es que está bien que me siente con este asesino por ser útil a mis fines?
Más preocupante aun la reacción social. Recuerdo mucho ese dicho popular que dice “hágase la voluntad de dios en los bueyes de mi vecino”, y es que ¿acaso es necesario ser víctima para tener empatía con quienes han sufrido las acciones de los criminales? Está el caso del padre de Kate en los medios, el actor Erik del Castillo, sale a defender las acciones de su hija, lo entiendo es su hija, pero ¿y su responsabilidad como padre? ¿Dónde está el papá avergonzado? El que sale a los medios y tiene el valor cívico de condenar las asociaciones -con el criminal más buscado- de Kate.
Me pregunto: ¿Cuántas decenas de miles de padres de familia saben que sus hijos incurren en actividades ilícitas y se les solapa? Ahí es donde yo veo este gran cáncer que alberga nuestra sociedad. Por qué para tantos delitos que se cometen es necesaria la connivencia social; es suficiente un resentimiento político para justificar acciones que dañen al sistema, eso sí, cuando se es víctima entonces ya no hay una responsabilidad individual, es culpa del estado. En esa terrible complicidad se alberga no solo el crimen, se albergan también la corrupción y la impunidad. El caso que menciono es solo uno, pero podemos utilizar tantos ejemplos, como el nefasto caso de Rodrigo Vallejo “El Gerber” y su encubridor padre Fausto Vallejo, quien nunca condeno la amistad de su hijo con Servando Gómez “La Tuta”.
Mientras haya muchos Erik del Castillo o muchos Faustos Vallejo, no podemos combatir al crimen que le quita la paz a tantas familias inocentes. Mientras queramos justicia, siempre y cuando no sea en nuestros bueyes, no podemos combatir al crimen, y mientras la sociedad no rechace y repudié a quienes actúan incorrectamente, no podemos combatir al crimen. Células sociales cancerosas que encuentran cobijo y tolerancia para subsistir. ¿Tenemos que esperar a ser víctimas para darnos cuenta que esto no está bien?
Esa es mi opinión, ¿y la tuya?
*Nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México. Comenzó su actividad profesional a los 15 años, en organizaciones diversas políticas. Es Licenciado en Derecho, y cuenta con una Maestría en Administración Militar para la Seguridad y Defensa Nacionales, además, tiene con un Diplomado en Federalismo en la Reforma del Estado Mexicano, así como distintos cursos sobre Seguridad y Defensa en el extranjero. Su experiencia profesional se ha concentrado en diversas entidades de la administración pública federal y de carácter político partidista. Ha sido profesor invitado en diversas instituciones académicas, entre ellas el Inacipe, el Cesnav, el Ceefa, la Fundación Colosio, entre otros.
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