La clave del éxito está en el trabajo y la perseverancia, dice
Ahora es profesor e investigador en la BUAP
Gracias a su perseverancia, Juan Pablo Padilla Martínez pasó de vender tamales a convertirse en un exitoso científico que realizó un posdoctorado en óptica aplicada a biomedicina, en el Wellman Center for Photomedicine, del Hospital General de Massachusetts, principal sede de la Escuela de Medicina de Harvard, en Estados Unidos.
Pablo proviene de una familia humilde que pasó por varias dificultades. Su padre, Jose Padilla Sánchez era originario de Oaxaca y su mamá, Estela Martínez Arroyo, de Puebla.
Cuando apenas tenía un año y medio, su papá falleció en un accidente de tránsito provocado por un conductor que iba en estado de ebriedad.
“Mi papá era maestro, pero lamentablemente murió en un accidente automovilístico cuando yo apenas tenía año y medio de edad. Dicen que en su trabajo había un maestro que le daba ‘ride’, pero un día cuando venían de regreso a casa, el conductor de un trailer, que iba en estado de ebriedad, los embatió”, dijo Pablo a la Agencia Conacyt.
Juan Pablo nació en Huamantla, Tlaxcala, y es el menor de seis hermanos. Actualmente es profesor e investigador de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), institución en la que estudió física aplicada.
Desde que iba en la primaria y hasta el primer año de la carrera vendía tamales para poder pagar sus estudios.
“Mi mamá es de rancho, es de esas mujeres que no se dejan vencer por nada, entonces mi mamá decidió vender tamales y tacos. Puso un puesto en la calle, y mis hermanos y yo, comenzamos a trabajar muy chicos”.
A pesar de que en el negocio de tamales les iba bien, Pablo no se quería dedicar a eso toda su vida, ya que no le satisfacía emocionalmente.
“Tenía claro que yo no quería vender tamales toda mi vida, era muy pesado levantarse muy temprano y sentir el agua fría, pero sobre todo era monótono y aburrido, yo no quería hacer eso siempre”.
Fue entonces cuando realizó el examen a la BUAP para estudiar medicina sin embargo, el destino lo llevó a la física.
Debido a que no contestó el examen por completo, no alcanzó los puntos necesarios para su primera opción, pero “por mi puntaje me permitieron entrar a otra licenciatura y decidí estudiar física aplicada”.
Aunque la carrera le gustó mucho, él quería hacer algo relacionado con la medicina, por lo cual siempre trató de hacer cosas relacionadas con la medicina.
“Cuando entré a la maestría en el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), empecé a estudiar piezas ópticas, que entre muchas de sus aplicaciones es manipular células o partículas con luz, y ahí comenzó mi relación con la biomedicina”.
Ya en el doctorado –que también lo realizó en el INAOE– se concentró en el estudio y desarrollo de tecnología para la realización de cavitación, que es la generación de burbujas de vapor con un láser, las cuales tienen muchas aplicaciones como para emulsificar tejido no deseado o pulverizar piedras en los riñones.
De diciembre de 2014 a junio de 2016 realizó su posdoctorado en el Wellman Center for Photomedicine, del Hospital General de Massachusetts, sede principal de la Escuela de Medicina de Harvard, en Estados Unidos, en donde desarrolló dos equipos ópticos, uno para el monitoreo del proceso de cicatrización de las heridas y el otro para ver el proceso de desgaste de los cartílagos.
Fuente: Agencia Conacyt
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