El descuido de la panista Xóchitl Gálvez, delegada por Miguel Hidalgo, exhibió a buena parte de la kakistocracia mexicana en plena parranda por los 75 años de Diego Fernández de Cevallos, quien es toda una institución del tráfico de influencias en México.
Mediante Periscope, una aplicación de transmisión de video en tiempo real, se pudo observar a personajes detestables de la clase política, empresarial y religiosa, comenzando por los ex presidentes Carlos Salinas de Gortari y Felipe Calderón, ambos iconos del saqueo nacional y de los fraudes electorales.
En la fiesta de mil invitados como el mismo Diego presumió, también se encontraban: Carlos Slim, el cardenal Norberto Rivera, Carlos Navarrete, ex presidente reciente del PRD, los gobernadores de Querétaro y Guanajuato, Jorge Castañeda,Porfirio Muñoz Ledo, los líderes panistas Ricardo Anaya y Roberto Gil Zuarth y hasta los periodistas adoradores del “Jefe Diego” como Carlos Marín y Ciro Gómez Leyva. Este último aprovechó su columna en Milenio para llamar mojigatos a todos los que criticamos el evento. Típico lenguaje pasivo agresivo de Ciro que ya no sorprende porque bien sabemos qué intereses defiende.
Ni caso tiene debatir acerca de si estos corruptos tienen derecho a ir y organizar fiestas ni tampoco es que sorprenda que las realicen o dudemos de la existencia de las mismas, no somos ingenuos. Es en estas fiestas donde se cierran los acuerdos maquiavélicos que posteriormente oficializan en las instituciones públicas y son ellos quienes no permiten que la democracia avance en México porque obviamente no les conviene. La molestia reside en lo vomitivo que resulta ver reunidos en una verbena a seres tan despreciables de la sociedad mexicana, a la que solo faltaron Peña Nieto y compañía.
Ese gran leguleyo de Fernández de Ceballos declaró que no se avergüenza de sus amigos y que a su casa entran ricos y pobres. Claro, unos entran a limpiar y otros a conspirar.
Basta con leer comentarios en las publicaciones de los diversos medios de comunicación con alguna nota al respecto para darse cuenta del repudio existente hacia esta cúpula de privilegiados. Hasta en el portal de la revista Quién se pueden leer mentadas de madre y eso que su contenido es de tendencia snob.
La Ardilla, mote con el que se le conocía a Cevallos porque “vivía” en Los Pinos, aseguró que todos nos podemos ayudar sin que sea el rencor el que impulse el diálogo. Sin duda Diego no cambia, su doble moral sigue intacta. Panista al fin y al cabo.
Más allá de la imprudencia de Doña Periscopia, el video reitera la existencia de la mafia del poder en la que tanto ha insistido AMLO desde hace más de 20 años y aun con las múltiples posturas, teorías y “culebrones” en relación al tabasqueño, nadie puede negar que tiene razón aunque parezca disco rayado. Muchos lo sabemos y pareciera que no es necesario señalar a esta tiara política pero los más jóvenes lo ignoran por naturaleza y eso es un lujo en la situación actual de nuestro país. Prohibido olvidar.
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