El Ejército Mexicano tiene como responsabilidad el salvaguardar la soberanía del país, la paz nacional y auxiliar a la población en caso de desastres naturales. Sin embargo, en los últimos años su labor se ha enfocado en la guerra contra el narco.
Las fuerzas especiales del ejército mexicano libran su propia guerra contra el crimen organizado. Se trata de una confrontación que en los lustros recientes ha cobrado la vida de al menos 51 militares de élite y de miles de civiles en las filas de la delincuencia organizada.
Las cifras de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) indican que en los últimos ocho años, sus tropas han sostenido más de 2 mil 500 enfrentamientos en la guerra contra el narcotráfico.
Parte de la lucha se libra de manera interna en contra de la corrupción.
De acuerdo con la Encuesta de Confianza en Instituciones 2015 de Mitofsky, el Ejército es una de las pocas con un nivel de confianza alto al obtener una calificación de 7. Las otras dos son las Universidades y la Iglesia con 7.3 y 7.1 de calificación, respectivamente.
Sin embargo, casos como el de Tlatlaya, Estado de México; Apatzingán, Tanhuato y Ostula en Michoacán; Calera, Zacatecas; y la privación de la vida de 6 personas en Iguala, Guerrero, durante los ataques a los estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa han puesto en duda la validez de esta percepción, poniendo de relieve la infiltración del narco entre sus filas.
Organizaciones sociales mexicanas y extranjeras denunciaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) un patrón de ejecuciones extrajudiciales y encubrimiento en México. Según apuntaron en audiencia con el organismo en octubre de 2015, las fuerzas de seguridad ejecutan a personas civiles sin justificación para posteriormente presentarlas como delincuentes que murieron en un enfrentamiento, sin que haya investigaciones adecuadas de estos hechos.
De acuerdo con información de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Secretaría de la Marina (Semar), más de cuatro mil civiles fallecieron a manos de las fuerzas armadas entre el 1º de diciembre de 2006 y el 31 de diciembre de 2014. Entre 2007 y 2014, murieron tres mil 967 civiles y 209 militares, es decir, una proporción de 19 civiles fallecidos por cada militar muerto.
“Los vínculos de las fuerzas armadas con el narcotráfico no es un hecho que se da en medio de la lucha contra dicha actividad delictiva, la relación estrecha de algunos generales, coroneles, tenientes, mayores, capitanes, subtenientes, sargentos, cabos y tropa, con narcotraficantes, no tiene sus inicios pero si su intensificación desde la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, pasando por Ernesto Zedillo, siendo Vicente Fox quien les diera puerta abierta; ya con Calderón tuvieron que fungir como ‘excusa’ para asesinar y oprimir al pueblo, siendo Peña Nieto quien adoptara a este tipo de grupos como sus colaboradores, quienes se adjudicaran todas las acciones del gobierno, es decir, los homicidios anteriores, los que suceden en este momento y los de mañana”, explica el especialista en Derecho Militar, Santiago Fonseca.
De acuerdo a una invetigación de Zeta titulada “Cártel de Sinaloa corrompe al Ejército“, en la lucha entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel de los Beltrán Leyva –los que quedan- en Sonora, elementos del Ejército Mexicano fueron corrompidos por el cártel que lideran Joaquín Guzmán Loera e Ismael Zambada García, “El Chapo” y “El Mayo”.
Según refiere el trabajo periodístico, soldados adscritos al 22 Regimiento de Caballería Motorizada fueron investigados y algunos procesados y sentenciados por traición a la Patria. Lo que hacían era proporcionar información a miembros del Cártel de Sinaloa sobre operativos que en su contra orquestaban grupos militares, permitiéndoles con ello huir, o cambiar rutas de trasiego de droga para que ésta no fuese decomisada.
Otros soldados del mismo Regimiento fueron corrompidos por el cártel Beltrán Leyva. Se trató de elementos destacados en el área de inteligencia militar que de tanto investigarlos, terminaron trabajando en la ilegalidad con ellos. Incluso, mencionaron en declaraciones dentro de la investigación, soldados llegaron a participar en asesinatos.
“Ayotzinapa y Tlatlaya son los ejemplos más reconocidos con respecto a la estrategia de Peña Nieto, pero cada muerto y desaparecido que se suman a la larga lista, aún mayor que la de Calderón, son representaciones de una sádica excusa para seguir rompiendo el tejido social, motivado por intereses y compromisos con la hegemonía yanqui”, agrega Fonseca.
Como muestra de la impunidad que impera en dichos casos, sólo se tiene conocimiento de una sentencia condenatoria por una ejecución extrajudicial en Nuevo León, estado en el que ocurrieron 394 “enfrentamientos” de militares y civiles entre 2007 y 2014.
Además, según reportes de la Secretaria de la Defensa Nacional (SEDENA) uno de cada tres militares o marinos desertores trabajan para el narco. Así como anteriormente conformaron células de sicarios que dieron origen a Los Zetas, en la actualidad grupos de ex militares son parte del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), por citar un ejemplo, quienes tienen en sus filas a ex policías y ex militares capacitados en el manejo de armamento, sin contar el tráfico de éste.
Felipe Calderón aceptó que 49 mil 471 efectivos desertaron del Ejército Mexicano; 4 mil 671 de la Armada de México; y 987 de la Fuerza Aérea Mexicana, cifra que se redujo a comparación del sexenio de Vicente Fox Quezada, en donde 107 mil 158 efectivos militares abandonaron las fuerzas armadas.
De acuerdo con los datos de febrero de 2016, que reflejan datos de un año antes, el Ejército cuenta con 270 mil efectivos en activo “listos para pelear”, aunque se ubica en el puesto 31 respecto a la cantidad de fuerza para entrar en combate en caso de ser necesario, con 60 millones. La más reciente clasificación de Global Fire Power ubica a la fuerza castrense de nuestro país en el lugar 22 de personal activo, respecto a una revisión hecha a 126 naciones del mundo.
El General retirado Luis S. afirma: “el ejército y la Marina son disciplinas de vida, estamos entrenados para soportar situaciones de vida o muerte e infrahumanas, es de ley tener amor a las fuerzas armadas, pero no significa que no hayan casos en donde la tortura se da, le llaman ‘formación de carácter’, no lo creo conveniente pero pasa. Ante la deserción de un gran número de elementos, se ha implementando la medida monetaria, ‘más dinero, mayor interés’.
Actualmente, un soldado del mas bajo rango percibe $10 309 pesos al mes, según información proporcionada por Sedena. A partir de allí, los sueldos van en ascenso: Un cabo percibe $10 800 pesos; un sargento 1o, $11 943; un teniente, $17 138; un capitán 1o $29, 955, un coronel $65 924 y un General de División, el rango más alto, $122, 542. Por su parte el Secretario de Defensa obtiene mensualmente $124 871 pesos.
“Entre la corrupción de las fuerzas armadas, la fracasada estrategia de inteligencia, miserables sueldos y manipulación del soldado raso a quien se le asegura que es más que el ciudadano, el pueblo está siendo exterminado por Ejército y Marina, instituciones al servicio de la delincuencia”, finaliza Jiménez O.
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