En los últimos años, hemos sido testigos-y otro tanto víctimas mortales- de un proceso paulatino de militarización social causado por las políticas irresponsables en materia de seguridad pública en la fracasada guerra contra el narcotráfico que comenzó Felipe Calderón.
Durante el Calderonato aumentó el auge y descontrol de armas y violencia en el país. Con otros presidentes de la República, se han presentado situaciones en donde se involucra el uso de la fuerza militar por orden del Estado para combatir la disidencia social y la inseguridad pública.
Diaz Ordaz, Salinas de Gortari, Zedillo, Calderón y Peña Nieto, son solo algunos de los mandatarios en los que resulta fácil encontrar en su expediente alguna situación en la que se les involucra con masacres y no precisamente en defensa del pueblo mexicano o de alguna amenaza o invasión foránea, función primordial para la cual se supone está destinado el Ejército Nacional sino para defender el fascismo del Poder y las políticas económicas impuestas desde afuera.
Recientemente se aprobó la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, en la que -entre otras cosas- se permitirá a agentes extranjeros portar armas dentro del territorio nacional, para “fortalecer” la seguridad en el flujo migratorio y para que Estados Unidos expanda sus fronteras hasta Belice y Guatemala.
El temas es complejo pero digerible. El Neoliberalismo ha desaparecido la soberanía nacional mediante el furor de las privatizaciones, la corrupción y la manipulación de la opinión pública.
En poco tiempo, el Peñismo deformó el artículo 27 de la Constitución para beneficiar al poder y al capital extranjero dentro del país. El petróleo, los litorales, la red ferroviaria, la banca y prácticamente el agua, han sido entregados a la propiedad privada en los años neoliberales porque a esos intereses de mercado, son a los que sirve la Kakistocracia mexicana.
El malinchismo moderno sugiere ignorar lo trascendente y contemplar las injusticias y la rapiña con los dientes apretados. En 1999, Julio Anguita declaró que: “La resignación duerme la conciencia…” mediante los “contenidos de evasión” que entorpecen y nublan a la mente.
Durante la VII Cumbre de las Américas, Enrique platicó un país que no existe. México hoy representa el fracaso de las políticas económicas entreguistas que han creado algunos millonarios, maquilado millones de pobres y heredado miles de muertos.
Nos pintan dictaduras en donde hay Revolución, nos venden enfermos de poder en donde hay elecciones limpias, la intolerancia existe en donde se combate a la mala prensa y la locura proviene de los que se niegan a olvidar.
El México de hoy en día, nos invita a borrar de la memoria importantes logros nacionalistas en materia de recursos naturales y someter la libertad de expresión al totalitarismo del Poder y sus parámetros de control. La conciencia según Saramago, es la alternativa al neoliberalismo y tanto la conciencia como los sueños, no se compran porque eso no se vende.
Las venas de Latinoamérica siguen abiertas pero algunas se han ido cerrando.
Hasta siempre Galeano.
Por: Manuel Tenedor.
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