Las sociedades más honestas son también las más limpias.
Muchos expertos se limitan a dividir a las sociedades en ricas o pobres, pero hay otra forma de referirse a ellas y que refleja mucho de su cultura: honestas y deshonestas.
De acuerdo con diversos estudios, las sociedades más estables y prósperas son, también, las sociedades donde existe mayor confianza y honestidad.
Dichos aspectos son por lo general más vistos en países de primer mundo. Por ejemplo, el 68 % de los suecos y el 59% de los finlandeses afirman que se puede confiar en casi todo el mundo. Pero en Ruanda y Turquía solo el 5% coincide con esa opinión. ¿Es acaso una cuestión cultural?
El juego del Ultimátum ayuda a medir los pros y contras de la honestidad. Esto consiste en plantear un escenario en el que a un jugador A se le entrega dinero para que lo comparta con el jugador B.
Si el jugador B se niega porque quiere más, los dos jugadores pierden el dinero. Empleando la lógica económica, siempre se debe aceptar el dinero por muy poco que sea.
¿Se atreverían a hacer esta prueba? Si fueran el jugador B, ¿aceptarían?
Además, las sociedades más honestas y cívicas también son las que tienen las calles más limpias. Si estamos en un entorno desordenado o sucio, actuamos de forma más irresponsable e incluso hay más violencia.
Fuente: xatakaciencia.com
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