Actualmente, la innovación tecnológica está en todas partes: desde un pequeño gadget o un aparato electrónico de uso doméstico, hasta complicados softwares y maquinarias aplicados en la operación de todas las industrias. La ciencia y la tecnología se han convertido en una turbina para el desarrollo y aplican a todos los aspectos de la vida cotidiana: desde una simple rueda hasta el chip más sofisticado o el nanomaterial más novedoso.
En México, sin embargo, el Gobierno de Enrique Peña Nieto se ha rezagado en sus compromisos para impulsar la ciencia y la tecnología, o “la economía del conocimiento”, como le gusta llamarlas. Esto deja a la Nación lejos de la posibilidad de convertirlas en un motor real del desarrollo económico y social, como sucede en otros países.
De acuerdo con investigadores, académicos y expertos en el tema, el presupuesto se sigue desperdiciando en salarios de burócratas, mientras que, por la falta de enfoque y el desdén del Gobierno, la infraestructura y la generación de científicos en México va en declive.
En abril de este año, el Presidente Enrique Peña Nieto aseguró que su Gobierno mantendría su apuesta en la economía del conocimiento. La tecnología, de nueva cuenta, apareció como elemento del discurso oficial, pero también con su incursión salieron a flote [otra vez] compromisos hechos ya hace tiempo, los cuales no han sido cumplidos o, si acaso, apenas están en proceso.
Al rezago en incumplimientos, el Presidente agregó más promesas. En este caso mencionó el compromiso de incrementar año con año el presupuesto a la ciencia, tecnología e innovación hasta llegar en 2018 al 1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, a pesar de los discursos y todo el aparato de difusión que se ha empleado para demostrar que las intenciones van bien encaminadas, lo cierto es que las declaraciones presidenciales despiertan muchas dudas.
“Cuando menos, con un escenario pesimista tendríamos que estar destinando el 1 por ciento para que México pudiera acceder a la denominada sociedad del conocimiento. Esto es, el conocimiento como un motor de desarrollo económico y de desarrollo social. Pero todo indicará que la inversión en ciencia y tecnología no va llegar al 1 por ciento en el sexenio, porque además del panorama nacional nos estamos enfrentando a un panorama internacional muy adverso”, explica María Elena Meneses Rocha, profesora de Internet y Medios del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.
No obstante, no sólo las promesas de crecimiento resultan poco satisfactorias. También el presumido crecimiento en lo referente al gasto público federal para la “Función Ciencia, Tecnología e Innovación” que ha sido aprobado en los últimos tres años. Así, para este año la Cámara de Diputados aprobó un gasto de 62 mil 243.11 millones de pesos que, de acuerdo con las cifras del Tercer Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto, equivale a un incremento del 32.7 por ciento.
Sin embargo, ese mismo documento revela que uno de los problemas más importantes que enfrenta el gasto en Ciencia, Tecnología e Innovación en México es que del total, el 78.30 por ciento se destina para gasto corriente, que es necesario para cubrir los rubros de servicios personales como sueldos y prestaciones de seguridad social. Además, este porcentaje también se reparte en gastos de operación para que las organizaciones operen adecuadamente, y subsidios como ayudas de carácter social. De esta manera, únicamente el 21.70 por ciento, equivalentes a poco más de 17 millones, se asignan al gasto de inversión, necesario para la modernización y ampliación de las actividades que conforman el rubro. Una cifra que se aleja mucho de un nivel de compromiso alto.
Más allá de la cantidad de compromisos, lo que destaca dentro de las estrategias del Gobierno Federal es una deficiencia, además de delimitar qué instancias se involucran en los rubros de ciencia, tecnología e innovación, a la hora de cumplir de manera cabal con ellos.
Fuente: Sin Embargo
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