Por Manuel Tenedor (@ManuelTenedor)
El inicio de un año siempre saca el lado más optimista de las personas. Nos hace establecer objetivos en los proyectos personales y pensamos en qué manera lograrlos. Si bien nos va definimos la estrategia para alcanzarlos antes de llegar a febrero en caso de que la desidia y la pereza no se apoderen de nuestra voluntad de acción.
Y cuanto más sentimos esa vibra de que este año va ser el bueno es más necesario tener conciencia del mundo en el que vivimos y el que queremos alcanzar con nuestros sueños. En el mundo actual la motivación se ha convertido en un modelo mercantilista y conceptos básicos para el buen vivir son confusos por la percepción del hiperconsumo como estilo de vida.
Mis palabras no pretenden quitarle a nadie el derecho de soñar porque ese también debería estar incluido en la declaración de los Derechos Humanos y el respeto a la misma debería de ser la consigna mundial, pero si tienen la intención de invitar al lector de esta columna a que por un momento se replantee cómo va alcanzar la felicidad de manera colectiva.
La crisis que vive el mundo actual es de carácter moral. Cualquier otro tipo de crisis es consecuencia de la falta de ética. Edificar el optimismo en la ignorancia de las causas no es una buena idea y reiterar lo que está mal de la manera en que vivimos es necesario para combatir la ignorancia y nos exige acción concreta a quienes más o menos ya lo sabemos.
El gran latinoamericano Eduardo Galeano, fallecido el año pasado, aseguraba que solo se puede ser feliz a veces porque en esta vida todo viene mezclado, tirando la teoría de que alguien es capaz de ser feliz siempre. No podríamos valorar de la misma manera las alegrías sin haber pasado por las tristezas.
Nos la pasamos mendigando inútilmente pequeños momentos que nos hagan sentir plenos y sacrificamos la libertad por un sueldo seguro que nos permita adquirir cosas aunque odiemos lo que hacemos para obtenerlo. Muchos siguen pensando que la acumulación material es la felicidad.
En este 2016 que apenas ve la luz, en México ya ejecutaron a una alcaldesa en Morelos y el dólar alcanzó los 18 pesos. La deuda del país casi llega al 50% del PIB. Enrique Peña Nieto adquirió un avión de $7500 millones de pesos, que si bien es cierto, viene heredado del Calderonato, EPN no hizo nada para evitar el gasto en un país con la mitad de su gente estadísticamente en la pobreza aunque le inventen mecanismos para endeudarse y creer que no lo es.
El imperio contraataca en Latinoamérica y la derecha resurge. Los gobiernos populares seguirán siendo el objetivo de la elite que exitosamente ha logrado hacer creer a los pisoteados que pueden ser parte de una clase social a la que nunca van a pertenecer.
Cada dia que pasa es uno menos que vivimos. Nada nos asegura que siempre vamos a tener tiempo. Vayan tras su sueños y de ser posible incluyan a más gente en su trayecto. Ya lo dijo Galeano: “no hay camino a la felicidad, la felicidad es el camino”. Feliz Año.
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