El método de calificación de hoteles que se aplica en México permite que las tarifas por habitación no correspondan con los servicios ofrecidos, pues son los mismos empresarios los que asignan las estrellas a sus hoteles.
En países como Estados Unidos, la autoridad evalúa los establecimientos y asigna las calificaciones, pero en México esto no ocurre, lo que se presta a que no exista un verdadero estándar, coincidieron expertos.
La diferencia entre un hotel de una y dos estrellas corresponde a un aumento en tarifas de 25 por ciento, sin embargo, de la tercera a la quinta implica que los precios incluso se dupliquen, lo que provoca que hoteleros se “pongan” estrellas de más para aumentar su tarifa injustificadamente, advirtieron participantes del sector.
Rafael García, presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles, explicó que la autoevaluación implica colocar las estrellas de acuerdo con la calidad de los servicios y una tarifa en esa relación.
Según cifras de la Secretaría de Turismo (Sectur), México tiene 18 mil 711 hoteles. Entre el 5 y 10 por ciento de ellos tienen una tarifa fuera de los parámetros costo-calidad
“La poca o nula evaluación de las autoridades provoca que los hoteles tengan una autoclasificación fuera de los parámetros costo-calidad, acentuada en las zonas que no son turísticas”, criticó Gerardo Herrera, experto en turismo de la Universidad Iberoamericana.
La clasificación de la Sectur dice que una estrella corresponde a un establecimiento que ofrece lo indispensable, como cama y agua caliente; con dos estrellas se agrega estacionamiento, iluminación y teléfono; con tres se suma televisión, mayor tamaño de la habitación y servicio de alimentos; para un hotel de cuatro estrellas se añaden las telecomunicaciones, salón de reuniones, recepción con varios idiomas, calefacción y arquitectura; mientras que cinco estrellas implican room service, variedad de alimentos, restaurantes, bar, piscina y gimnasio.
Julio Castañeda, presidente de la Asociación Mexicana de Agencias de Viajes, advirtió que ponerse más estrellas de lo que se ofrece significa un beneficio para los empresarios, sin embargo, los ingresos tenderán a caer en el largo plazo al engañar a la gente.
De acuerdo con la Sectur, la falta de alineación en puntos de vista y prácticas de medición ha provocado la sobrestimación de capacidades.
Pese a que desde 2009 la clasificación hotelera se hizo obligatoria, la Secretaría de Turismo apenas está por lanzar los lineamientos.
La clasificación se volvió voluntaria en 1992 con la Ley Federal de Turismo, en 2009 se hizo obligatoria, pero el reglamento fue publicado apenas en 2015 y los lineamientos siguen pendientes, mientras tanto, cada hotel se asignó la calificación que quiso, explicó Francisco Madrid, director de la Facultad de Turismo de la Universidad Anahúac.
“Si un hotel no tiene alberca, pero sus clientes no la necesitan ¿se merece menos estrellas?, por esas razones debe de cuidarse los tipos de hoteles, la vocación y categorías en la clasificación”, dijo Pablo Azcárraga, presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico.
Para el empresario, la clasificación se da de forma natural por parte del mercado.
“Se estima que cerca del 70 por ciento de los usuarios de hoteles de cinco estrellas revisan las plataformas antes de reservar y 30 por ciento se informan para dos o tres estrellas”, estimó.
Fuente: El Financiero
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