Opinión

No se necesita ser Sherlock Holmes

May 19, 2014

Antes de que la citaran con el peor de todos los engaños (darle esperanzas a una madre de que su hijo desaparecido está vivo), Sandra Luz Hernández dijo al periódico Noroeste en una entrevista:

“Nos dio la audiencia el Gobernador [Mario López Valdez, ‘Malova’] y entonces él nos prometió cosas que realmente no ha cumplido. Él nos dijo que él sí nos iba a ayudar en la búsqueda. Primeramente se aventó un rollo de que nosotros como padres teníamos culpas. ‘Olvidémonos de culpas. Yo lo que quiero es que me ayude a buscar a mi hijo [le dijo al Gobernador]. Aquí no estamos para que usted nos diga cómo debemos de ser como padres, porque en todo caso yo le diría a usted cómo debiera ser como gobierno… y que no ha hecho nada”.

Antes de que, la semana pasada, se reuniera con autoridades y al salir de la reunión con autoridades le dieran 15 balazos en la cabeza para callarla, la madre de Édgar García Hernández, un empleado de la Procuraduría de Justicia de Sinaloa, dijo:

“No hacen nada. Las promesas que han hecho no las ha cumplido, porque él [el Gobernador ‘Malova’] yo no sé a quién le debe o porqué es que él no actúa. No hace nada, porque para el gobierno las desapariciones es algo normal”.

Antes de que acudiera, con engaños, a una calle de Culiacán en donde supuestamente se encontraría a alguien que le daría datos sobre su hijo desaparecido, Sandra Luz Hernández dejó un mensaje a sus hijos:

“Hijos, echénle ganas. Yo voy a seguir luchando, yo no voy a quedarme así. Tengo que encontrarlo, lo voy a encontrar. Si me llega pasar algo, pues ni modo, pero yo no puedo quedarme así sin hacer nada por su hermano. Sí les pido que no se metan para nada; ustedes tienen su esposa, sus hijos, y acuérdense que tenemos al niño que ahora no tiene a su papá [el hijo de Édgar], y que él lo extraña mucho. Es muy difícil…”

En la siguiente escena, un sicario le vacía la pistola (15 tiros) a plena luz del día, en plena calle, con testigos. Varios de los disparos que recibió esta madre atribulada fueron en la cabeza.

Édgar era empleado del gobierno del Estado. Lo desaparecieron apenas un jovencito y sólo se puede decir que fue porque vio algo, supo de algo, tenía información de algo que afectaba… ¿a quién o a quiénes? Con los datos que hay, sólo pudo ver algo, saber algo de esos con los que trabajaba. Digo, no se necesita ser Sherlock Holmes.

La madre de Édgar hizo todo lo que una madre es capaz de hacer por un hijo: marchar, manifestarse, protestar, lanzar consignas, investigar por su cuenta. Obvio, se volvió incómoda para alguien. ¿Para quién puede ser incómoda una mujer que marcha, se manifiesta, protesta, lanza consignas, investiga por su cuenta, y acusa al Gobernador y a las autoridades no hacer nada para dar con su hijo, un empleado del mismo gobierno? ¿Para quién puede ser incómoda esta mujer?

Cualquier investigador patito diría: empecemos por investigar a las autoridades. El sentido común apunta para allá. Digo, sin ser Sherlock Holmes.

  El vampiro tocó la puerta

La sombra de la sospecha consume a Mario López Valdez desde que llegó al gobierno de Sinaloa. No es la primera vez que se le vincula con criminales. Hay denuncias desde hace mucho tiempo de sus presuntos vínculos con narcotraficantes. Hay muertos y heridos entorno a él que siembran una duda muy puntual sobre este político del PRI que se pasó al PAN y que ahora está brincado al PRI.

No quiero pasarme de listo y no soy nadie para acusar a nadie. Pero el 9 de agosto del año pasado fue localizado en Culiacán el cadáver de Frank Armenta Espinosa, escolta del Gobernador de Sinaloa. Lo degollaron, después de que denunció que López Valdez tenía vínculos con el cártel de Sinaloa. Frank Espinosa fue secuestrado en Guasave el pasado 4 de junio y 20 días después empezó a lanzar videos en los que proporcionó datos y hasta documentos en los que probaba, dijo, que el entonces candidato y ahora Gobernador fue en helicóptero a La Tuna, Badiraguato, a la supuesta casa de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”. El Gobernador, a quien consume la sombra de la sospecha, negó cualquier nexo en nerviosas conferencias de prensa. El gobierno federal, con el que el Gobernador coquetea (ahora es casi priista, otra vez), no lo investiga, que se sepa.

No quiero pasarme de listo y no soy nadie para acusar a nadie. Pero el 3 de abril pasado, el director general del Grupo Editorial Noroeste fue atacado y herido de bala por criminales que querían dejar un mensaje. ¿Cuál mensaje? Usted deduzca: las semanas previas, agentes de la policía se dedicaron a golpear a reporteros y fotógrafos de Noroeste. Golpes y prisión para varios de ellos. ¿Cuál mensaje? Usted saque cuentas: Noroeste es una cadena de diarios críticos que han puesto a “Malova” en aprietos varias veces… como Sandra Luz Hernández, como el escolta aquél. Adrián López Ortiz, director general de los Noroeste, sigue recuperándose del balazo que le dieron. Los únicos presentados como presuntos cómplices (no como quieres dirigieron la agresión) argumentan tortura. El gobierno federal, con el que el Gobernador coquetea (ahora es casi priista, otra vez), no ha asumido la investigación.

La Secretaría de Gobernación emitió un comunicado en el que lamentaba la muerte de Sandra Luz. Qué burla. Qué payasada: mejor la hubieran protegido, mejor hubieran abierto una investigación. Qué ganas de hacer política con las tragedias.

Antes de que sus asesinos la localizaran en un centro comercial de Sinaloa y la engañaran con que le darían datos sobre su hijo desaparecido (digo, no soy Sherlock Holmes pero, ¿qué no hay circuito cerrado en los centros comerciales?), Sandra Luz dijo:

“Él era trabajador del Procurador [Marco Antonio Higuera Gómez]. Al siguiente día que fue la desaparición, nosotros acudimos con el Procurador para decirle lo que estaba sucediendo y pues él lo que nos dijo es que no conocía a Édgar, pero son mentiras porque él ahí trabajaba”.

Carajo, no se necesita ser Sherlock Holmes

*Esta columna refleja sólo el punto de vista de su autor
Por: Alejandro Páez Varela
@paezvarela



May 19, 2014