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Mexicano pasa de nini a multimillonario

Nov 22, 2015 18:18
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La segunda vez que lo rechazó el Instituto PolitécnicoNacional (IPN), tomó sus escasas pertenencias, las metió en una maleta y se regresó a Tijuana. Jordi Muñoz  prefirió vivir en Estados Unidos, primero pornecesidad, luego por gusto. Su plan era triunfar en la Ciudad de México, estudiaruna ingeniería y conseguir su título. Después, involucrarse de lleno en la industria aeroespacial. Pero fracasó.

No se fue solo; llevaba consigo un trago amargo: el divorcio de sus padres y el persistente recuerdo en el que su padre le decía todo lo que él había hecho desde los 20 años sin la ayuda de nadie. “Siempre me decía: ‘¡Y tú qué!’”. Hoy, Jordi continúa asimilando la ruptura de su hogar.

A pesar de todo, se fue a vivir con su padre a Ensenada, aunque sabía que tenía que salir de ahí muy rápido. Sólo necesitaba un empujón, que consiguió cuando tenía 18 años.

Consiguió su primer empleo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, donde trabajaba haciendo de todo. No duró mucho. “Estaba bien matado. En el aeropuerto se me quitó todo lo fresita y junior que tenía; como la película esa de Nosotros los Nobles, sufrí, me robaron”.

La mala suerte era su compañera fiel, aunque poco después, empezó a descubrir su talento escondido. Guillermo Romero, el mejor amigo de Jordi desde la primaria, recuerda que cuando estaban en la secundaria las computadoras era lo único que “amaban” en este mundo. Desde ahí nació una curiosidad por la electrónica y nuestro plan era estudiar electrónica. Bueno, Jordi traía otra idea, le interesaba lo espacial, la aeronáutica”.

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Hacia 2005, Jordi se fue a vivir a los edificios de Tlatelolco. En ese entonces, trabajaba en un café Internet cerca del Zócalo. “Me fue muy bien porque ahí de volada les arreglé todo… La muchacha estaba fascinada conmigo. Pero lamentablemente la mataron y cerraron el lugar. Me quedé sin trabajo otra vez”.

En ese entonces, uno de sus tíos era abogado del hermano del empresario Carlos Peralta, de Grupo IUSA, un conglomerado que participa en diversos sectores como el de las telecomunicaciones, la manufactura y los servicios. Fue así que Jordi tuvo otra oportunidad en la Ciudad de México.

Estaba feliz en su primer contacto laboral con la tecnología. Ganaba, aproximadamente, 7,000 pesos. Tenía 18 o 19 años y fue cuando lo rechazaron del Politécnico por primera vez.

Todos los días cruzaba la zona centro de la Ciudad de México, para ir a trabajar. Se dormía en el camión, se asfixiaba entre tanta gente, inhalaba perfumes baratos… “Era muy cansado, enflaqué muchísimo y fumaba muchísimo. Me puse la arrastrada de mi vida y no me gustó la Ciudad de México. Me preguntaba: ‘¿Qué hago aquí?’”.

Hizo de nuevo el examen para ingresar al IPN, y otra vez lo rechazaron. “Lamentablemente en ese entonces era la única escuela que tenía aeronáutica. O sea, a mí no me interesaba el Poli, me interesaba la carrera. Me fui a Tijuana, con mi mamá, a los 20 años y me estanqué”.

Apenas llegó a Tijuana consiguió dinero para montar un negocio. Un puesto de mariscos. Cocos Locos se llamaba. Su padre no soportó ver a su hijo haciendo tacos de pescado en la calle. Lo regañó, le dijo que no lo había educado para eso y se lo llevó de regreso a Ensenada. No duró mucho ahí, ya que la novia de su padre no lo quería.

Mientras trataba de acomodar sus pensamientos, se enamoró y pronto le dijeron que sería papá. “Entonces salí disparado como tapón de sidra”. No deseaba averiguar cómo reaccionaría su padre. “Un día desaparecí de su casa. Sólo me fui, para evitar dramas y peleas. Le dije que me iría a trabajar a Estados Unidos. Me escapé con mi novia”.

Llegó a Estados Unidos con el pie izquierdo. “No había trabajo, todo era muy difícil. Entonces me metí en mi droga: clavarme en la computadora todo el día”. Jordi quiso aprender más acerca de los microcontroladores. Encontré una plataforma muy barata que se acomodaba a mi Budget y la compré”.

Jordi se refiere a Arduino, una placa que te permite crear en tu casa el dispositivo que quieras, tu mente es la única limitante. “Me di cuenta que podía hackear mi Nintendo Wii para sacarle los acelerómetros y poderlos interfacear; obviamente, porque los acelerómetros costaban una feria”.

En esas estaba cuando se le atravesó un helicóptero de control remoto. Esos que cuestan unos 100 dólares en las jugueterías. Después de ubicar todas las piezas, pensó: “Qué tal si con los acelerómetros lo puedo controlar, estimar su orientación y estabilizarlo’”.

Pudo manejar el helicóptero. Lo hackeó. Tiene fotos de la presentación del primer aparato modificado. Documentaba todo en Internet. Le escribían de Europa, de Australia y eso lo animaba a seguir.

Buscando información en un foro, encontró una comunidad de makers (el foro DIY Drones); ahí conoció a Chris Anderson, en ese entonces, editor en jefe de la revista de tecnología más influyente de este planeta, Wired.

Comenzaron a platicar en línea y luego acordaron hacer un proyecto juntos. La suerte de Jordi parecía cambiar.

Una empresa suiza contactó a Jordi por Internet. “Me dijeron que me fuera para allá, que me pagaban la universidad”.

Jordi se fue a Suiza y aprendió muchísimo. Le pagaban 6,000 francos al mes (como 6,500 dólares). Pero, después de un año, se aburrió. Entonces Chris le ofreció ayuda para montar un negocio. Era 2007.

De regreso a Estados Unidos, Chris Anderson le insistió en que debía hacer un avión robot. Le tomó un año terminarlo. “Prueba y error, prueba y error. Un año después funcionó, fue como el día más feliz de mi vida, el día que me quedé sentado y puse el control, y el avión estaba volando solo”. Eso fue a principios de 2009 y en mayo del mismo año ya lo estaban vendiendo.

Ése fue el despegue de 3D Robotics, la fábrica de drones no militares que ha hecho conocido mundialmente a Jordi Muñoz y a Chris Anderson.

Actualmente, 3D Robotics cuenta con más de 150 empleados divididos entre Berkeley, San Diego, y Tijuana. La empresa se dedica a desarrollar un sistema de control para aviones, que es el cerebro que se utiliza en cualquier tipo de aeronave, ya sea helicóptero, multicopter o avión, y que le permite volar de una manera completamente autónoma.

Fuente: Forbes

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